REVIEW CONCIERTO | Arte visual como expresión musical: el segundo día del Tiny Fest
Reseña: Kevin Fuentealba Mol
Fotos: Patricio Aliaga
El mini festival Tiny Fest cerró su segunda y última jornada la tarde del 13 de noviembre, envolviendo a todos en una experiencia donde el arte y la música se fusionaron con un estilo único. Un cierre en el que cada detalle nos recordó cómo la música puede ser una expresión artística de otro mundo.
Nuevamente, el ambiente cálido y relajado dominó la jornada, incluso a las afueras del Teatro La Cúpula. La amplia oferta gastronómica, el beer garden y la variedad de artículos a la venta crearon una experiencia especial, evidenciada por las largas filas para comprar. Libros, vinilos, CDs, pósters y una rica selección de opciones culinarias conformaron un modelo que bien podría replicarse en otros eventos.

Delight Lab (Phases): una muestra de arte contemporáneo
Esta presentación, una breve muestra de lo que vendría, destacó como uno de los espectáculos más intrigantes del día. Desde el ingreso, se podía observar el gran montaje de equipos en el centro del escenario, anunciando una propuesta innovadora. Luces, sombras y una música relajante se unieron en una propuesta que rompió con la idea de un concierto tradicional, llevando al público a un estado de asombro silencioso. Una instalación artística que jugó con nuestros sentidos y nos sumergió en una atmósfera onírica y de contemplación, entregando un soplo de aire fresco y originalidad a lo que conocemos como arte contemporáneo.

Sistemas Inestables: Entre Sombras y Luces
La banda santiaguina siguió la misma línea artística, aunque en esta ocasión sí ofrecieron un concierto musical. Su estilo, caracterizado por un progresivo complejo de estructuras y capas de ruido y texturas ambientales, cautivó al público.
El escenario, iluminado por luces blancas intermitentes, acentuaba la identidad de los músicos, que parecían perderse en la profundidad de sus propios sonidos. A lo largo de su presentación, y sin necesidad de palabras, la banda mostró su virtuosismo y creatividad en cada acorde y en cada cambio de ritmo, creando una atmósfera rica en matices sonoros y logrando un poderoso impacto en vivo.

BADBADNOTGOOD: un deleite visual y auditivo
La expectativa creció al son de la legendaria “War Pigs” de Black Sabbath, que acompañó la entrada de BADBADNOTGOOD al escenario. Su show fue una obra de arte en sí misma, donde sonido y luz crearon un espectáculo visual que rompió los esquemas convencionales.
Su propuesta fue peculiar: en lugar de luces de escenario, un telón blanco proyectaba imágenes surrealistas desde el fondo del teatro, reflejándose tanto en el telón como en cada uno de los músicos. La oscuridad envolvente lograba enfocar la atención en cada detalle del escenario. A medida que el cántico “Olé olé olé, BADBADNOTGOOD” se hacía más fuerte, la banda desplegó un show magistral. Su habilidad para combinar sonidos, tiempos perfectos y percusión contagiosa generó un ambiente eufórico y lleno de baile, haciendo del espectáculo un deleite visual y auditivo que cerró el festival con broche de oro.

Tiny Fest, en definitiva, logró lo que pocos eventos consiguen: traer lo más puro y auténtico de la música, la ruptura de las reglas para crear sonidos frescos y novedosos. La primera jornada, cargada de improvisación y talento musical, y esta segunda, fue una obra maestra visual y sonora con ritmos contagiosos. Sin duda, este festival nos ofreció algo excepcional y especial, algo que esperamos poder volver a vivir muy pronto.
