REVIEW CONCIERTO | Sombras en el Cariola: Lacrimosa y el arte de llorar con belleza

REVIEW CONCIERTO | Sombras en el Cariola: Lacrimosa y el arte de llorar con belleza

La noche del 26 de mayo en el Teatro Cariola se vistió de negro, cuero y encaje. Mientras la lluvia golpeaba con suavidad los tejados del centro de Santiago, adentro el calor de una congregación gótica encendía un ambiente íntimo y ceremonial. La cita era con Lacrimosa, íconos del gothic metal y la melancolía hecha música, quienes regresaban a Chile en el marco de su gira «Lament: A Night with Lacrimosa», acompañados por la banda nacional Dead Christine como acto de apertura.

Dead Christine: Preludio nacional de oscuridad elegante

@benjamin_voorhees

La agrupación chilena entregó un show poderoso y atmosférico, conectando con una audiencia que desde temprano ocupó el recinto. Con un setlist que incluyó temas como “YULE”, “PRISON” y “TRAUME”, su propuesta navegó entre paisajes sonoros densos y una interpretación emocionalmente cruda, donde la voz de su frontwoman se movió entre la fragilidad y la rabia con una naturalidad cautivadora. El cierre con “WHAT IF IT ALL GOES DOWN” fue una declaración de fuerza y presencia escénica, dejando en claro que el underground nacional tiene mucho que ofrecer en noches como esta.

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Lacrimosa: Una misa gótica con estrenos y confesiones etílicas

Con una introducción instrumental —el inconfundible “Lacrimosa Theme”  la banda liderada por Tilo Wolff y Anne Nurmi apareció entre luces tenues y un aplauso unánime. El arranque con “Avalon” y “Der Morgen danach” marcó de inmediato la pauta: un recorrido extenso, intenso y generoso por su discografía.

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El setlist fue un deleite cuidadosamente seleccionado, incluyendo clásicos imperecederos como “Lichtgestalt”, “Alleine zu zweit”, “Schakal” y “Stolzes Herz”, todos celebrados con fervor por un público entregado que no dudó en bailar, corear y hasta llorar con cada nota.

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Uno de los momentos más particulares se vivió durante “Alleine zu zweit”, cuando el baterista cambió su redoblante en medio del tema, algo que repitió discretamente durante otras canciones. Mientras tanto, Tilo aprovechó para conversar con los asistentes, revelando su amor por Chile y sus costumbres: confesó haber bebido bastante vino chileno y, cómo no, también pisco sour. La complicidad con el público era total.

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La noche no solo fue un repaso de glorias pasadas: también presenciamos estrenos. “Lament” y “Memoria” hicieron su debut en vivo en suelo chileno, dos joyas de intensidad emocional que el público abrazó como si fueran viejas conocidas. Estos estrenos marcaron un nuevo capítulo en la historia compartida entre Lacrimosa y sus seguidores chilenos.

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El cierre fue tan poderoso como inevitable: “Copycat”, con su espíritu provocador y teatral, fue la descarga final antes de que la banda se despidiera bajo una ovación ensordecedora. Las luces se encendieron, pero muchos permanecieron quietos, conmovidos, como si no quisieran que esa noche terminara jamás.

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Una velada para la memoria

Más que un concierto, lo vivido fue un ritual. La estética, el repertorio, la entrega de la banda y la comunión con su público transformaron esta noche en una celebración gótica en su forma más pura. Con frío y lluvia afuera, y corazones encendidos adentro, Lacrimosa nos recordó que el dolor, la oscuridad y la belleza pueden convivir en perfecta armonía.

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Nota: Luis Bonilla

Fotos: @benjamin_voorhees

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