EVENTOS | El pulso infinito del rock rioplatense: Santiago Rocks y el regreso del “Salmón»

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Santiago ya afina la piel para una de sus celebraciones musicales más intensas del año: Santiago Rocks, un festival que reunirá en un mismo escenario a figuras esenciales del rock latinoamericano como Babasónicos, No Te Va Gustar, Molotov, Enanitos Verdes, Álvaro Henríquez y Pettinellis, Hermanos Ilabaca y, por supuesto, el inmortal Andrés Calamaro. El próximo 13 de diciembre en Espacio Riesco, la capital vivirá una jornada donde historia, energía y memoria generacional se fundirán en un solo pulso.

Entre nombres ilustres, el de Andrés Calamaro resuena con una luz propia, casi mítica. Ícono del rock hispano, arquitecto de emociones y melancolías eléctricas, el músico argentino vuelve a Santiago con ese aura de leyenda viva, capaz de convertir cada concierto en un viaje emocional que roza lo confesional.

Tras el cierre de su etapa con Los Rodríguez, Calamaro inició a fines de los 90 una de las fases más prolíficas y desbordadas de su carrera. En 1997 publicó “Alta suciedad”, un álbum fundamental que lo catapultó a lo más alto del rock en español gracias a himnos como “Flaca”, “Media Verónica”, “Loco” y “Crímenes perfectos”. Más de 500 mil copias vendidas confirmaron que su pluma atravesaba generaciones y geografías, convirtiendo el disco en un clásico inmediato, el segundo más vendido del rock argentino de aquella época.

Pero su hambre creativa no se detuvo ahí. Entre 1998 y 1999, en un impulso casi febril, Calamaro escribió más de cien canciones que desembocaron en “Honestidad Brutal”, un álbum doble que expuso su fragilidad, su genio y su caos con una crudeza desarmante. Para muchos, fue su obra más audaz, una radiografía emocional que lo consolidó como uno de los compositores más influyentes del mundo hispanohablante.

Y cuando parecía haber tocado un límite, llegó el monumental “El salmón” en el año 2000: cinco discos, 103 canciones y una declaración absoluta de desafío creativo. Nadie había hecho algo así. Nadie volvió a hacerlo. Una hazaña sin precedentes que redefinió lo posible dentro de un estudio y que, con el tiempo, se convirtió en un símbolo de culto.

Luego vendrían otras etapas: la experimentación, los años de introspección, los discos de versiones, la vuelta a los escenarios y su reencuentro con los escenarios masivos. Pero Calamaro, como su espíritu nómada, siempre volvió. Y cada regreso fue un recordatorio de por qué su voz —rasposa, intensa, vulnerable— marca a fuego cada generación que lo escucha.

Este 13 de diciembre en Santiago Rocks, su presencia será más que una presentación: será el reencuentro con un creador que ha sobrevivido a excesos, silencios, mitificaciones y renacimientos. Un artista que parece escribir su vida como una canción eterna, llena de versos luminosos y grietas necesarias.

Santiago lo espera con la misma devoción con la que se espera a un viejo amigo que siempre vuelve con historias nuevas. Porque Calamaro no solo canta: abre ventanas a un tiempo donde el rock aún tenía filo, riesgo y verdad.

Y esta vez, será Espacio Riesco el que resuene con su legado. Un legado que no se explica; se vive. Y se canta. Junto a miles. Junto a todos. En una noche donde el rock latino volverá a encender su corazón más ardiente.

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