CINE A LA VENA | “Springsteen: música de ninguna parte”: vorágine hacia el interior

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Por: Catalina Caniumir O.


El filme escrito y dirigido por Scott Cooper, se estrenó en cines estadounidenses el pasado 24 de octubre y el 30 de octubre en las salas de Chile. La película está basada en el libro homónimo de Warren Zanes (2023), y narra el momento al borde del estrellato mundial del rockero de Nueva Jersey Bruce Springsteen el cual lucha por reconciliar las presiones del éxito con los fantasmas de su pasado mientras graba el álbum «Nebraska» a principios de los años 80.

Springsteen: música de ninguna parte” se posiciona como una experiencia gatillante e íntima, al decidir indagar y mostrar un episodio anti-climático en la vida del músico y compositor Bruce Springsteen, quien se hallaba en pleno ascenso a la fama, con sus ya 3 primeros álbumes publicados Born to Run(1975), Darkness on the Edge of Town (1978) y The River (1980), valorados por la crítica musical como tres de los grandes álbumes de rock de todos los tiempos en la actualidad.

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Para el Director, la idea de hacer un Biopic solo tenía sentido si se trataba de transmitir algo más que lo majestuoso y lo clásico que suele envolver las premisas de estas películas, sobretodo las que tratan sobre músicos. Es por esto que la propuesta se enmarca en un momento muy específico de la vida del artista, dejando de lado la imagen del Idol, la historia de su vida, hasta llegar al presente, haciendo énfasis en un propósito: buscar la razón por la cual podría ser algo más que un biopic, para pasar a ser una película sobre el ruido interior que atrapa al ser humano, donde el hecho de que aborde a una figura del mundo del espectáculo sea solo el punta pie inicial.

Por consiguiente, algo que se deja sentir desde los primeros minutos es un aura de misticismo, impregnada de una atmósfera casi somnífera, la cual al mismo tiempo, transmite el llamado a la introspección casi como una necesidad personal, mientras que vamos escarbando en la historia detrás del 4to álbum de estudio de Springsteen, lanzado en el año 1982, titulado “Nebraska”.

Este álbum marcaría un nuevo precedente no solo para la discografía de Bruce, sino que, en lo que a día de hoy nos continúa interpelando de forma directa y constante a la hora de hablar sobre el hacer arte, vivir de ella y el negocio existente detrás, al hacerse a un lado respecto a la finalidad con la que se saca a flote un proyecto artístico, si es desde el afuera, lo que pide y lo que desea o lo que verdaderamente podría estar necesitando, y que podría no provocar la atención ni el agrado del público.

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Es así como “Springsteen: música de ninguna parte” surge, adentrándose en la pureza y la crudeza de una herida, la cual lentamente se irá expandiendo y envolviendo todas las esquinas, y para que esto suceda, ciertamente a veces hay que tomar decisiones que solo podrían ser comprendidas desde el ojo idealista de una convicción. Y es que, para poder dar vida a dicho disco, Bruce tuvo que tomar una brusca decisión, dando un paso al costado a las luces del espectáculo, justo en aquel instante de apogeo en su carrera, proyectando la vorágine existente hacia su mundo interior.

A lo largo de la película, recorremos junto al él y -la tremendamente honesta entrega del actor Jeremy Allen White en el papel- pasajes de su vida como cables que se entrelazan confusamente, pero que futuramente traerían claridad respecto a las razones del autosabotaje, que deriva en una escapatoria constante y la exposición de un ser humano que no parece sentirse preparado para afrontar el éxito.

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Aquí, Jeremy se vuelve fundamental en la fortaleza del filme, al fusionarse con el objetivo de la misma y compenetrarse con la misión de transmitir la idea de estar viendo a una persona en una etapa errática y vulnerable, que propicia la gestación de un álbum íntimo que grita el llamado a la soledad y expulsión de demonios internos, a través de un sonido que se aleja de tecnicismos y pulcrosidad, acercándose a lo más puro del folk: lo simple que permite la apertura del alma a través de las palabras, dejar que fluyan sin escatimar tanto en adornos externos, minimalismo sonoro que concentra el fin como canalizador perfecto para liberar emociones.

Gracias a esta nueva pieza audiovisual, tenemos la dicha de poder re-experienciar la misticidad que acompaña a este álbum y vivir en carne propia sus letras y melodías.

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