EVENTOS | El frío también baila: Molchat Doma y el eco melancólico del futuro

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Hay un tipo de silencio que no incomoda, sino que seduce. Un silencio eléctrico, bañado en neón y nostalgia. Ese es el que habita en la música de Molchat Doma, la banda bielorrusa que se ha convertido en la voz —o más bien, el susurro— de una generación cansada del ruido. Este 11 de noviembre, su sonido oscuro y minimalista se apoderará del Basel Venue, en una cita que promete ser mucho más que un concierto: una experiencia sonora que viaja entre lo humano y lo mecánico.

Formados en Minsk en 2017 por Egor Shkutko, Roman Komogortsev y Pavel Kozlov, Molchat Doma construyó su identidad a partir del desencanto. Influenciados por el rock ruso de los años 80, especialmente por la legendaria banda Kinó, y por pilares occidentales como The Cure, Joy Division y Depeche Mode, el trío logró destilar una fórmula única: cajas de ritmo en lugar de baterías, sintetizadores sombríos y letras que, sin necesidad de confrontar directamente, reflejan la desolación de la vida en un país atrapado entre la herencia soviética y la modernidad.

Su sonido, descrito por ellos mismos como “post-punk, new wave y un extremadamente oscuro synth-pop”, ha trascendido fronteras gracias a algo tan contemporáneo como inesperado: las listas “doomer” de YouTube. En ellas, canciones como “Sudno (Boris Ryzhy)” o “Na Dne” encontraron un nuevo hogar entre imágenes de ciudades vacías y pensamientos existenciales, llevando a la banda a una popularidad global sin proponérselo.

La crítica los ha comparado con Bauhaus, The Cure y, por supuesto, Joy Division, aunque Molchat Doma no es una simple réplica del pasado. Lo suyo es una reinterpretación moderna del desencanto: música que no protesta, pero tampoco se resigna; que observa desde la penumbra y transforma la soledad en un acto poético. Sus letras —“grandes textos sinceros”, como señaló una reseña temprana de su debut «С крыш наших домов»— se pueden leer como fragmentos de diario, frases que flotan entre lo íntimo y lo colectivo, entre el vacío y la búsqueda de sentido.

Lo fascinante de Molchat Doma es su autenticidad. No hay gestos heroicos ni discursos grandilocuentes: solo tres músicos y una maquinaria sonora que, con precisión casi industrial, logra emocionar sin necesidad de levantar la voz. Su arte funciona como un espejo empañado, en el que cada oyente proyecta sus propias ruinas interiores.

El próximo encuentro en el Basel Venue no será solo un repaso por discos como «Этажи» y «Monument», sino un viaje introspectivo por ese territorio donde la tristeza se convierte en belleza. Allí, bajo luces frías y ritmos mecánicos, Molchat Doma nos recordará que incluso en la oscuridad, todavía hay espacio para bailar.

Porque, después de todo, el silencio también tiene ritmo.

 

 

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