EVENTOS | Venas de volcán: El estallido inagotable de Molotov rumbo a Santiago Rocks

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El próximo 13 de diciembre en Espacio Riesco, la capital será testigo de un encuentro donde el rock latinoamericano se transforma en un solo pulso: Santiago Rocks, el festival que reunirá a Babasónicos, Andrés Calamaro, No Te Va Gustar, Molotov, Enanitos Verdes, Álvaro Henríquez y Pettinellis, y los vibrantes Hermanos Ilabaca. Una alineación que combina historia, energía y legado, y en cuyo centro late una de las fuerzas más irreverentes e incendiarias del continente: Molotov.

Desde mediados de los 90, la banda mexicana ha transitado por décadas de provocación, sátira política y experimentación musical. Pero su historia no se detiene en su legendario debut: después del éxito de “¿Dónde jugarán las niñas?”, Molotov atravesó una etapa de intensa creatividad y expansión internacional que definió su identidad como una de las agrupaciones más potentes del rock en español.

En 1998 lanzaron el compilatorio Molomix, donde destacaron con una versión explosiva de “Rap, Soda y Bohemia”, reimaginando el clásico de Queen con su ADN rebelde. Ese mismo año se codearon en escenarios con gigantes como Deftones, R.E.M. y Metallica, mientras la crítica especializada los señalaba como una banda con uno de los bajos más agresivos y distintivos del rock latino.

El fuego siguió encendido con “Apocalypshit” (1999), producido por Mario Caldato Jr. y con la participación de Gustavo Santaolalla. El disco fue descrito como “una aventura grunge metal impecable” y los llevó a recibir discos de oro y platino, además de consolidar su éxito en Estados Unidos y Rusia. La banda giró por el continente y Europa durante dos años, coqueteando con bandas sonoras y homenajes que ampliaron su rango sonoro.

La explosión continuó con “Dance and Dense Denso” (2003), donde surgieron himnos combativos como “Frijolero”, galardonado con múltiples premios MTV y respaldado por una gira que llevó a Molotov por Alemania, España y Suiza. Su combinación de ingenio, furia y ritmo los posicionó como una de las mejores agrupaciones del rock alternativo en español.

Luego llegó “Con todo respeto” (2004), un álbum de versiones donde reinterpretaron a Beastie Boys, Falco y Misfits. Aunque no se consideró su trabajo más esencial, fue recibido como una adición sólida y atrevida a su catálogo, reafirmando su capacidad de transformar cualquier canción en dinamita estilística.

La banda jugó con el mito de su separación en 2007 solo para regresar con más fuerza con “Eternamiente”, un experimento dividido en EPs individuales que fusionó rap metal, thrash y hardcore punk. La supuesta “despedida” fue el inicio de una nueva etapa que los llevaría incluso a escenarios como Coachella, marcando su presencia internacional con la energía que siempre los ha caracterizado.

Entre 2011 y 2012, Molotov emprendió giras por Europa y Estados Unidos, donde la prensa los calificó como “la banda más irreverente del rock alternativo latino”. A eso se sumó el celebrado álbum en vivo “Desde Rusia con amor”, ganador del Grammy Latino, evidencia del vínculo único que la banda ha construido con audiencias de todo el mundo.

El rugido se mantuvo vivo con “Agua maldita” (2014), un álbum feroz que encabezó listas digitales y fue acompañado por giras que reafirmaron su estatus como una institución del rock continental. Canciones como “Ánimo delincuencia” mostraron que su espíritu crítico permanece intacto, siempre afilado, siempre incómodo, siempre necesario.

Hoy, Molotov llega a Santiago Rocks con más de dos décadas de historia, cientos de escenarios recorridos y un arsenal de canciones cargadas de fuerza política, sátira y energía explosiva. Su presentación promete ser uno de los momentos más intensos del festival, una descarga directa al pecho de quienes buscan un show sin concesiones.

El 13 de diciembre no será simplemente un festival: será un choque de generaciones, una memoria vibrante y un recordatorio de por qué Molotov sigue siendo sinónimo de fuego, resistencia y rock sin filtros. Espacio Riesco está por convertirse en un epicentro volcánico… y la mecha ya está encendida.

 

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